miércoles, 18 de agosto de 2010

Recuerdo de Almagro



Se nos cumplió un deseo grande: fuimos convocados al fin para presentar "Quien lo probó lo sabe" en el Festival de Teatro Clásico de Almagro. Cinco funciones consecutivas en el Teatro La Veleta, por primera vez incluído en el Festival, gestionado por nuestros ahora amigos del CELCIT, Elena y Luis. Allá estuvimos en los primeros días de julio. Mención especial para Mariano Mazzei, superándose a sí mismo en esta tanda de presentaciones.

Como todo fue demasiado lindo, me permito algo que seguro no lo es tanto. Un romance que ni llega casí a tal por escasez de sílabas en verso, pero que me salió más barato que los souvenirs de la Plaza Mayor, y que dedico a las profesoras Marta Villarino y Graciela Fiadino, pioneras en esto de ir a festivalear por La Mancha, y a quienes, de tanto que les gusta el pueblo, quizá les guste esto también. El cuaderno en que lo escribí, cuando ya volvía, tiene la gráfica del festival y es muy bonito, pero no hay caso, no me sube a internet.


Romancillo de Almagro


Camino camino.

Sonrisa, ventana.

Verano manchego,

la brasa encantada.

Los pozos que buscan

milagros de agua

y a gotas verdean

olivos y plazas.

Camino camino.

Almagro me alcanza.

La plaza bullente.

las casitas blancas.

Golondrinas negras.

Escobas agitadas.

Balcones. Banderas.

Sabor de campanas.

Aromas profundos.

Voces castellanas.

Corral de Comedias.

Don Diego cabalga.

San Bartolomé.

Cruz de Calatrava.

Camino camino.

Almagro. La Mancha.

Los siglos reunidos.

Los sueños de España.



De paso, se lo dedicamos a Almodóvar también, que filmó allí dos películas ("La flor de mi secreto" y "Volver") y a la selección española de fútbol, en cuyo honor, para no robarle público, decidimos demorar el comienzo de la última función hasta una vez terminada la final, contra esos holandeses que tiraban patadas tan feas.

sábado, 27 de marzo de 2010

Rosas colombianas



En ocasión de nuestras presentaciones con “Quien lo probó lo sabe” en Montevideo, quiso Dios, o el Destino, o la gente del Teatro “El Galpón”, que coincidiéramos con Ana María y su “Humor Bovo”. Feliz reencuentro con la estrella de las narradoras. Reencuentro multiplicado, pues, amén del teatro, los desayunos, almuerzos y cenas, también nos tocó cruzarnos por la 18 de julio o por el mercado del puerto. Todo fluyó con la suavidad de una deseada sobremesa cuya cereza fue roja, sí, pero con forma de libro y nombre de flor, “Rosas colombianas”, novela con la que aquí, por ganas y por amistad, pero más que por eso, por el placer que me dio su recién acabada lectura y por prolongar algo el remanente de sabor en boca, me estreno aquí como reseñador.


¡Ana, qué lindo te salió el primero! Tres partes: un matrimonio naufragando, una prima amada que no volverás a ver y la inmersión en el pueblo andaluz de tu abuelo para recuperar algo de lo perdido en clave fértil de intensa poesía. Ardo por acometerte para saber en qué medida, cómo, dónde y hasta dónde has manipulado tus recursos autobiográficos. Te salió más que bien y la curiosidad se despertó insaciable.


El arte que venís puliendo para dar placer contando historias aparece aquí concentrado y da felicidad en cada párrafo. ¿Qué más se puede pedir?


Todos a comprar “Rosas colombianas”, de Ana María Bovo. Emecé. Y a leer, que el zapping y la computadora traen gases.


Para que veas que leí atentamente y que esto no es una tirada de rosas, justamente, hago dos objeciones a Inés, la del cuento: “Amanecí en tus brazos” no es un bolero, es una ranchera, y Doña Concha Piquer no era andaluza, era valenciana, aunque hacía esfuerzos de agitanamiento según las exigencias del repertorio. Al pasar: cuentan que era mala como pocas. Una Pascuala.


Como no hay dos sin tres, me guardo la tercera para la hora esperada en que nuestros pasos vuelvan a coincidir.


Ana: me encantás vos, me encantó encontrarte, me cautiva escucharte y me fascinó leerte, y acá quedamos, esperando la próxima entrega.

Con tan poca distancia, tan poca “disociación instrumental”, como decían los viejos psicoterapeutas, barrunto que mis días de reseña literaria amanecen muy nublados. No entre tus brazos, pero cerca.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Sobre "El mal menor" (Daño colateral, crítica de Adriana Derosa)

Pocas veces, a decir verdad, aunque sea sólo por el hecho de que nosotros hemos estado meses si no años concentrados en ello y ellos vienen a echar un vistazo y como parte de su rutina, los críticos encuentran algo para decirnos de nuestro propio trabajo, más allá de los elogios, que agradecemos, o de las pegas y comentarios insidiosos, que nos quitan el sueño y acrecientan la bilis. Pero tal es el caso de Adriana Derosa, crìtica, profesora de literatura y mujer de teatro también, que siempre nos sorprende con su mirada aguda, sensible, culta y personal.
Habiéndose apartado por propia voluntad del medio gráfico que la tenía agenciada, hago uso del permiso que me diera para publicar su comentario sobre "El mal menor" y lo reproduzco aquí.
Gracias, Adriana.

Daño colateral

Los integrantes de la compañía “Los del verso” han estrenado la obra de Mariano Moro “El mal menor”. ¿Será que a través de los mitos griegos podemos volver a hablar de padres, sacrificios y misiones de vida? No es en vano. El teatro pone una nueva lente para hablar una vez más de costos y ganancias.

No hay actividad más subversiva per se que encontrarse en pleno siglo XXI asistiendo a un hecho cultural desinteresado, quiero decir uno que se lleva a cabo sin fotos para la prensa ni agendas humeantes que concierten citas para el día siguiente.
Quizá, el poder subversivo del arte viva sin ayuda en funciones como esta. Pero si se trata de trastocar y de generar inquietud en el espectador, nada mejor que seguir el camino de destrozar lo esperable, y empujar las expectativas del espectador hasta el sitio en que de deshacen una a una.
Aun no sé si asistir a una función de “Ifigenia en Áulide” de Eurípides sería “programa” para el público veraniego de la ciudad. Pero si advertimos que se pondrá en escena eso que ha salido a flote, una vez que Mariano Moro y la compañía “Los del verso” pusieron sus manos sobre el antiguo mito griego, la cosa cambiará.
¿Quién no ha sido alguna vez el protagonista de una historia que podría llamarse “el mal menor”? Es decir, cuántos de nosotros protagonizamos a diario hechos que nos alejan definitivamente de lo que hubiéramos deseado, pero decimos inmolarnos con “fines superiores”, esos que dejan de tener sentido vistos en perspectiva temporal.
El personaje central es Ifigenia, que debe sacrificarse para lograr que los griegos lleguen a Troya y la batalla tenga lugar. Si no lo hace, la diosa Artemisa jamás concederá los vientos necesarios para trasladar la flota hasta allá. Todos sufren, los padres se destrozan, pero ella decide entregarse mansamente al cuchillo. ¿Un ejemplo?
Ifigenia representa el mal menor, la pérdida reducida al número uno que traerá la gloria a miles, como si las pérdidas fueran cuestión de número. Patriotismo al extremo, “o juremos con gloria morir”.


El proyecto es ambicioso, porque ante tales ejes de acción dramática, Moro sostiene aun la escritura en verso, y la lleva adelante con maestría. Presupone unos actores con la suficiente expresividad como para hacer resonar en el espacio las palabras que construirán la acción con trazos de ritmo.
Por otra parte, la red mitológica ha conformado para la humanidad un entramado de símbolos que atravesaron el curso de los tiempos, y se constituyeron en intocables. Son la concentración de representaciones humanas sagradas para ellos, y casi sagradas para nosotros, que parecían no moverse jamás de su pedestal.
Pero Moro arrasó, y se atrevió a cruzar las líneas de la tragedia y la comedia. Desarmó roles -que con los siglos habían ido construyendo un canon- para someterlos al filtro del sentido común contemporáneo, y desnudarlos de toda protección. El procedimiento exige una dosis de actuación exigida.
Así, María Rosa Frega a cargo de la labor del Coro, y representa a una esclava que hace de hilo conductor clarificador: se pone la obra al hombro con un simple gesto, y es evidente que cuenta con los elementos para llevar la puesta general hacia donde el director espera que llegue. Sus dotes histriónicas le permiten adueñarse de un humor sutil que decora el entramado mítico con habilidad y oficio.
Mariano Mazzei tiene a su cargo la construcción de dos roles antitéticos, no solamente en su naturaleza sino en el registro de la representación, pero puede atravesar el reto con tranquilidad. El es un Menelao complejo y solvente, el que plantea a su hermano Agamenón que Ifigenia debe poner su vida a disposición de la patria, como lo hacen a diario los generales.
Pero además, Mazzei se pone además en la piel de un Aquiles desarmado, delineado con unos trazos gruesos, que recalca una relación homosexual con Patroclo. Aquí, Mariano puede ponerse en juego sin guardarse nada, sin temor al ridículo, y disfrutando del trabajo.
Es importante destacar que la obra permite que el público acceda a una historia compleja desde el lugar de lo sencillo. Y que a través de un humor desopilante arribe al problematizar aquello del deber. ¿A quiénes sacrificamos por cosas en las que solamente nosotros creemos? ¿Son nuestros hijos las peores víctimas de nuestras militancias, de unas líneas de lucha que ellos de ninguna manera han elegido? ¿Cuál es el mal menor? ¿Somos nosotros capaces de establecer cuál es el menos grave de los males, algo así como los daños colaterales de la guerra inevitable? ¿Dónde estamos a la hora de inmolar? Del lado del verdugo, siempre.
Dios nos libre y guarde de nuestros sacrificios humanos cotidianos, porque ni siquiera suenan en ellos los tambores rituales de antaño, si siquiera nos servirán para que la diosa Artemisa acerque las naves a la costa troyana.

Adriana Derosa

jueves, 18 de febrero de 2010

Un soneto para despuntar el vicio

No voy a hablar de premios quizá arreglados, ni de basura mediática, ni de desidia institucional y política, y mucho menos de quienes se nos suben a la espalda y nos quieren cada vez menos mientras los avanzamos en el trayecto...
Voy a compartir un soneto, que, por más malo que sea, está obligado a ser mejor que todo eso.

Murmullos impuros de este café.
Murmullos no son. Esbozos de grito.
Escándalo al fin. El café es bonito.
Esperaba un encuentro que no fue.

Me acompaña el librito que compré
y este tazón blanco, ancho y bajito
sobre el plato, cerca del vasito
brilloso y burbujeante. ¿Para qué?

¿Para qué el teléfono junto al codo?
¿Para qué este soneto en garabato
y para qué la cena concertada?

¿Para beber algo y olvidar todo?
¿Matar el tiempo mientras pasa el rato?
¿Flotar el alma sin pensar en nada?


escrito en el café Corso, Mitre y Colón, Mar del Plata, el 16 de febrero de 2010, entre las 19:30 y las 20:30 aproximadamente.
Ella demorada por sus sobrinos.

miércoles, 27 de enero de 2010

Tras la última clase magistral.

Si en los encuentros anteriores, dedicados a los trágicos griegos, al Siglo de Oro y al siglo XX, puse a prueba su atención y su paciencia ante el embate imparable de la digresión y el desvío en mi discurso, llegamos al zénit en ésta cuarta y última, donde, por ser el tema el pasaje de la autoría a la dirección, y por haberme propuesto ilustrar con ejemplos de mi propia experiencia, fuimos todos algo víctimas de mi natural caótico y de las lagunas que se embeben en mi creciente manantial de dudas acerca de mi pasión constante y principal: el trabajo para la escena. Esto, sin desmerecer la colaboración de los asistentes ansiosos por exhibir el anecdotario de su trato o conocimiento de personalidades del teatro harto más consagradas que un servidor.
Con todo, no puedo sino agradecer las muestras de cariño y gestos de aliento que me han llovido de muchos de ustedes, y también la oportunidad que me dieron de repasar momentos entrañables, en lo bueno y en lo malo, de éste mi camino dramático: mi primer grupo extra-under (los fiambres), el ensayo previo, con forma de varieté, a una obra ("Los sexos se parecen a sus dueños"), mis primeras osadías de gran empaque ("Matarás a tu madre", "Edipo y Yocasta", "La Suplente"...) y la memoria de algún que otro traspié que interpreto hoy como necesario entrenamiento en errores de los que aprender y obstáculos a vencer para probar el mérito y la vocación.
Me despido con un poco de auto-publicidad: los esperan en La Bancaria (San Luis 2069) cinco obras de mi autoría y dirección ("El mal menor", "Una mujer en campaña", "Porque soy psicóloga", "La Suplente" y "Azucena en cautiverio"); en la Nachman del Auditórium y en el Museo del Mar el único texto no mío que hasta ahora he dirigido ("¿Qué quieren las mujeres?", de José Minuchín), y en la librería Fray Mocho (Belgrano 2877) el libro "Seis obras" de Mariano Moro.
Que sea hasta pronto.

jueves, 21 de enero de 2010

Clases Magistrales. Pasó la penúltima.

Hola a todos.
El martes pasado, tras breves referencias al teatro clásico francés y al siglo XIX, planeamos sobre el siglo XX para anclar en García Lorca.
Nos referimos a Oscar Wilde como dramaturgo de estilo y transición, y nombramos a gente como Ibsen, Chéjov, Strindberg, Tenessee Williams, Brecht, Anouilh, Benavente, Camus, Sartre, Beckett, Arrabal, Ionesco, Spregelburd, Daulte... Todos a leer y a ver espectáculos de buena referencia (empezando por los míos).
También pronunciamos a teóricos del teatro como Grotowski, Barba, Kantor, Artaud, Freire, Brook y Lecoq.
De Federico repasamos alentadoras palabras volcadas aquí y allí acerca del teatro. Luego nos sumergimos en Doña Rosita. Pensando en la relación que tiene el romance de la rosa dentro de la obra, y recordando "El retrato de Dorian Gray", los he incitado a imaginar un objeto de arte que pudiera cumplir dentro de una obra de teatro un efecto de paralelismo semejante con trama o caracteres . Además, el granadino nos desafió a "expresar en un personaje la angustia del mar".
Para el próximo y último encuentro, que llevaba por título "Oficio de autor, oficio de director", cuento con atraerlos a un recorrido por mi propia experiencia en la producción de fantasías escénicas, empezando por el principio y terminando vaya Dios a saber dónde. Los incentivo a invitar a todo aquel que crean pueda estar interesado en esto, no importa si no estuvo en las clases anteriores.
El encuentro será el martes 26 a las 18:30 en la Biblioteca Pública marplatense, Sala B, Catamarca y 25 de mayo.
¡Saludos!

miércoles, 13 de enero de 2010

Se fue la segunda. Clases Magistrales sobre Escritura Dramática

Hemos comenzado el encuentro con Segismundo en boca y cuerpo del actor Mariano Mazzei, y la vida amagó con dejar de ser el sueño de Calderón para convertirse en la pesadilla de la bailanta vecina que el histrión tuvo que sobrellevar como música más de figura que de fondo.
Luego nos adentramos en el Siglo de Oro de la mano de Lope y su "Arte nuevo de hacer comedias en nuestro tiempo" (perdón a las chicas de Letras que venían saturadas luego de un seminario de seis meses sobre ese texto, de seguro visto con más luz y erudición que en la torpeza de un servidor).
Lope sugiere allí que el autor:

Acomode los versos con prudencia
a los sujetos de que va tratando:
las décimas son buenas para quejas;
el soneto está bien en los que aguardan;
las relaciones piden los romances,
aunque en otavas lucen por extremo;
son los tercetos para cosas graves,
y para las de amor, las redondillas;


Los he desafiado a leer una comedia española barroca, sea de Lope o Calderón o Tirso o Ruíz de Alarcón o Moreto o... A buscar y reconocer ésas y otras formas poéticas, a ver si están empleadas según el consejo del Fénix, y a atreverse en la escritura con alguna de ellas, para uno o más personajes en situación dramática, quizá los mismos que han esbozado o soñado en nuestro acercamiento al mundo de los mitos griegos.
No lo dije esta vez, pero espero que algo de lo que hablamos los empuje a abrazar la convicción de que aquel soberbio teatro español no es de ellos, sino de todos los que compartimos este idioma.
Pueden repasar métrica española en cualquier sitio de Internet, y acometer, por ejemplo, un relato de vida o situación en buen romance, la forma más natural quizá en nuestra lengua.
Para los que sólo vienen de oyentes, y para los escribidores también, anuncio que en nuestro tercer encuentro, el próximo martes a las 18;30 siempre en la biblioteca marplatense, nos aguardan las dramaturgias del siglo XX, apretándole la mano a García Lorca, salvo viraje intempestivo en la locura del disertante.
Nos vemos.