domingo, 27 de abril de 2014

Rostro hermoso




  Rostro hermoso de mi doble fracaso
 
quién te quemara en la chispa un beso,

quién te comiera como pan con queso,

quién te bebiera como vino al paso,

 

quién te vistiera como chal de raso,

quién te esparciera como aroma espeso,

quién te supiera querer sin exceso,

quién te lograra olvidar sin ocaso,

 

quién se burlara de tu corte fino,

quién te arrojara al borde del camino,

quién te pudiera dar un reemplazante,

 

quién no sangrara tu desliz sonriente,

quién no se ahogara en tu morena fuente,
 
quién no temblara cuando estás delante.

sábado, 26 de abril de 2014

Mis tres derrotas


Tuve mis tres derrotas. La primera

fue en el amor. Olí cuatro narcisos

y los sentí dulzones y sumisos.

Se me volvieron cardos de tapera.

 

La segunda fue de ésas que uno espera.

Efectos de un error surgen concisos.

Los toboganes del desastre, lisos

se muestran cuando escampa la quimera.

 

La tercera brotó de ser quien soy,

de mi caudal de fe, de la exigencia

con que preciso el blanco adonde voy.

 

Quienes no quieren ir, saben la ciencia

que baja pajarones de un hondazo
 
y un triple derrotado es un pelmazo.

viernes, 25 de abril de 2014

Despertar


Es natural dormir sin darse cuenta.

Sopla la nada y la conciencia va

al ligero confín donde no está

en sitio que se piense ni se sienta.

 

Así también el alma un truco inventa

y se sueña tranquila cuando ya

lo que es o que no es lo mismo da.

Hay un monstruo delante y no lo enfrenta

 

pues no lo ve. ¿Es monstruo? ¿O es acaso

el deseo dormido en un fraguado

declive que no es tal, si no letargo?

 

Bastó un gesto de amor salido al paso

para quitarle rémora al pasado
 
y abrir presente ya sin gusto amargo.

miércoles, 23 de abril de 2014

Te extraño


Te extraño.

 

Hubo unos días

que presuroso te daba

los buenos días,

las buenas tardes

y las buenas noches.

Entonces, aunque no estabas,

respondías

como responde la vida

a nuestras inquietudes

con lo que tiene a mano,

persuadida ella

de que todo al fin

le pertenece.

 

Te extraño.

 

Era extraño,

como si estuvieras en mi casa

y yo no estuviera en casa.

Como si ocuparas mi alma

y yo sin mí.

Te había dado en don

todo el espacio,

el que es

y el que no es.

Apenas si algo

de mis ojos

 trashumaba entre las páginas

de libros

que alguna vez leí

y ahora sólo aspiraban

a velar tu sueño,

como si mis propias sábanas

hubiesen escapado

desnudándome

para volverse espuma

o sombra de tu cuerpo

a la vez ubicuo y lejano,

a la vez perfecto y apenas

excedido de peso

como si lo hermoso

probase hasta donde

puede ir

sin desvirtuarse

o como si aquello

de los envases pequeños

no lo conformase del todo.

 

A tu cuerpo bien le gusta

desmembrarse en piruetas

o contorsiones bruscas

y sin embargo se infla

de a poquito

acaso porque tu alma

ha dado en quedarse quieta.

 

Yo quería sacudirte.

 

Pedí permiso de entrada

apersonándome en todos

los túneles posibles,

estúpida cortesía

esa mía

tan poco conducente.

Quien sabe no hubiese entrado

argumentando menos,

implorando nada.

Quien sabe no hubiese entrado

sólo a fuerza de empujar

un poco más

muy en silencio.

No faltará quien replique

que dentro nomás hallara

las vacuidades extremas,

y luego y a cada vez

el mismo deseo roto,

enfermo y multiplicado

que me tuvo a maltraer

enmarañado en tu estela.

 

Te extraño.

 

Necesitaba arrancarte

de los poetas amargos

que te pegan su decadencia

y algunas tristes metáforas.

No hacés bien en lamer

los azulejos percudidos

de Lisboa.

Son muchas las cosas

que no hacés bien

-en eso te parecés

a otros mortales-.

 

Y es que tu perfección
 
no era corpórea
 
sino ésa:

la suave firmeza

con que has decidido

equivocarte

hasta erigir el desvío

en tu destino.

Si amé tu perfección,

¿por qué mi empeño habría

de cambiarte

cuando a conciencia elegiste

la noche despegada?

 

Te extraño, lo repito

algo menos

enfáticamente

ahora.

 

Tuve que volver a mí

aunque no me extrañaba tanto

como para volver a ese sitio.

 

Admití a regañadientes

la magnitud estrepitosa

de mi error

y me llevé tu olor

como amuleto

hacia las rutas verdes

donde olvido

que me dabas unos besos

y esos besos

suplicaban a gritos

aunque tímidamente

el beso por venir,

el portentoso,

el único capaz

de torcer un rumbo

desde los bordes ácidos

del abismo

hacia las colinas esponjadas

de la fe.

 

Te extraño

pero un poco menos ahora

y claro

con algo de amor propio

aunque me parezca tonto

y con el deseo nuevo

o recién despertado

hube de quitar el dedo

de ese timbre

cuyas coordenadas últimas

-hago bien en decírmelo-

no llegué siquiera

a conocer

porque no me las dabas,

me las quedabas debiendo

como esa intimidad

a que me convidabas,

la de sonrisa triste,
 
la que nunca será.



Después, lo razonable:

una mano tendida

como del más allá

y yo que me levanto
 
y extiendo la palma.

viernes, 18 de abril de 2014

Romance de alegría


Como una niña en su cuna

la rosa de la alegría

se alumbra blanca y llorosa,

se pincha de verde espina

y sonríe de su sangre

las gotas del nuevo día.

El “a-a-á” de pequeños

que decir cosas querrían

pero no saben, inunda

los cuartos, y en las cortinas

aprietan con sus manitos

los ángeles las tiritas

del sol, esa mariposa

que se quema de amarilla

detrás de nubes violetas,

imitadoras de artistas.

Más amables los motores

del Viernes Santo chirrían

por las calles tucumanas

que se desnudan tranquilas

como mujeres seguras

de querer y ser queridas.

Por el gran paso de cebra

estampado en esta esquina

-lo veo por las ventanas

abiertas como sandías-

cruzan huyendo las penas

que nos dieron guerra fina

en las tardes solitarias

y las noches mal dormidas.

Un gran lamido de perro

unta el aire. Se arrodilla

 en el cordón de cemento

a rezar su Pascua tibia

la virgen de una esperanza

renovada y sustantiva.

Ese rezo que murmura

me muerde las pantorrillas.

Salgamos a oler ahora

el perfume de la risa

en la quietud de las plazas
 
vibrantes, si no floridas.

jueves, 17 de abril de 2014

Psicopatológico


Con mucho esmero, como una paciente vienesa,

desenrollaste la napa sedosa de tu histeria

hasta cubrir mis centros y mi periferia.

Yo me encendí de celos, como cierta condesa

 

y de un amor que, claro, a nadie le interesa

porque apenas de fobias se adorna la miseria.

Me puse algo obsesivo. Eso sí es cosa seria

cuando el dolor va libre y el alma queda presa.

 

Poco extraordinaria la sintomatología,

nada que destaque del común de los manuales

si no fuera por cierta perversa espada mía

 

ansiosa de incrustarse donde ya no hay cabales,

pinchando lo que en lengua vulgar llaman locura
 
y en jerga psiquiátrica, quizá, psicosis pura.

miércoles, 16 de abril de 2014

Resurrección


Me pregunto: ¿las cruces que se aprestan

para la Pascua aquí folklorizada

son algo más que tradición? ¿Son nada?

Algo pasó. Hoy las calles apestan.

 

Mas sol y mal olor se contrarrestan.

Hay una brisa fresca, matizada,

y Tucumán camina más pausada.

Entrega sus sonrisas. No le cuestan.

 

Parecen de hace un siglo las tormentas

de angustia y de deseo y el pañuelo

que su caudal de llanto me pegó.

 

Hay un Cristo reacio a compraventas.

También sonríe aunque le sangra el pelo
 
porque al tercer día... resucitó.