lunes, 15 de septiembre de 2014

Colombinas


 

Las palomas ignoran que son plaga

cuando extienden el ala a los viejitos

para ofrenda de miga. Simples ritos

que los hacen volar y curan llaga.

 

Desfogando la hoguera, va una maga

hacia el cielo también. No hay para gritos

pulmón ni voluntad. Llueven ojitos

de la bandada, dulce deuda impaga,

 

y se hacen chispa sobre manto rojo

almidonado para el sacramento,

encendida visión, dulce plumaje.

 

Por lagrimales se desangra el flojo.

Bajo la piedra se refugia el viento.
 
En un suspiro se me arruga el traje.




sábado, 13 de septiembre de 2014

Implosión


 

 

Ah, la voz que sí se oye

en el silencio, la quietud, la fuga,

pero se extingue al traspasar la puerta...

 

Quién le pudiera sostener el pulso,

acoplarse a su nota,

encomendar los vuelos en su pluma

como un pájaro más

que no razona el canto ni da nombre

cuando se sabe del azul y el viento

abandonando el nido

que se entramó obsoleto y anacrónico.

 

Es tiempo de surcar otro hemisferio,

aquel donde el pasado no hace trampa.

Hay que afianzar el rumbo

sin brújula ni mapa y garantía

hacia el tibio reborde de una tarde

de flores con abejas,

de ocaso demorado,

de cita con lo eterno

tras dar adioses a lo repetido.

 

Que la mente no cierre las cortinas.

Que la sangre no pase de su punto.

Que resuene esa voz,
 
la sencilla implosión de lo infinito.




sábado, 6 de septiembre de 2014

Mis abuelas


 

 

Siglos y siglos, campos españoles

araron mis ancestros y los suyos.

Eran duras la tierra y consonantes.

Así dura en mi sangre anda la zeta

 

que se pronuncia sola, si no es cierto

que en vena me la escancian las abuelas

como aquellos relatos de hambre y hielo

con que ambas derrotaron a Walt Disney.

 

¿Hace falta aclarar que no están muertas?

Ángeles, cristiana, seca y austera

reza por las mujeres y los pobres

 

y Gloria, la cabrona blasfemante,

sigue sumando cifras resentidas
 
hasta que suelta un aire y carcajadas.



en la foto, Corrada del Obispo, León

viernes, 5 de septiembre de 2014

Evocación

 
 
El amor puro es ese que pasó.
Ayer era un enredo ingobernable
de celos, frustración... Pero, es notable,
se fue la sombra y el calor quedó
 
aunque es de noche. Nunca amaneció
porque lo tan deseable era indeseable.
El estallar del vidrio no fue amable.
Directo hacia los pies. Todo sangró.
 
Lo malo es sólo la ausencia del bien
y todo es bueno en restos de la ausencia.
La evocación adula y santifica.
 
Hay un cariño ya sin para quién.
El juicio permanece sin sentencia.
No se circula ni se rectifica.
 
 
 
 

jueves, 4 de septiembre de 2014

Un señor


 

 

Sí, bajó toda la panza, o

casi.

Además no tiene arrugas,

pero

su cabello está muy gris,

eso

lo aparenta menos joven.

Algo

anticuadas sus maneras

suaves

-un medio quizás de sustra-

erse-,

y es que nunca se entregó del

todo.

A destiempo cual reloj a

cuerda,

va marcando lo que no su-

cede

y se escapa luego por las

ramas,

cercano pero no, como un

mono.

No tan juguetón, siempre pen-

sante

en lo que no dirá, y es

grito

o mueca difusa inexpli-

cable

proyectada al corazón del

tronco,

detenida en la corteza,
 
triste.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

El sacerdote



 

 

Cuanta alegría en esa voz timbrada,
cadenciosa, eficaz, que se aventura
a proclamar a Dios en su ternura
y sus llagas, su estrépito, su espada.
 
Es masculina aunque acaramelada
y un reverbero la nimbara dura
donde la empresa humana se hace oscura
 porque hay un borde, un pozo y luego nada.
 
No ha de faltar al paso una sonrisa,
un apretón de manos, una broma
y el testimonio austero de la fe
 
y sin embargo, al cabo de la misa,
tras de sus ojos, un dolor asoma  
sin entregar el llanto ni el porqué.
 
 
 
 

lunes, 1 de septiembre de 2014

A Harold Bloom

 
 
 
Abrió la escuela del resentimiento.
Los padres inscribieron a sus hijos.
Aprenden sin saber, los ojos fijos
en la sinuosa levedad del viento.
 
No quedan solos. Se atoran de a ciento,
anonadados, lentos y prolijos
en la mentira, y en los entresijos
de un fofo y atascado descontento.
 
Se ha borrado la página sublime
bajo grasa chorreada de hamburguesa.
No es el nombre divino el que se imprime
 
en la quijada floja. No interesa
entrar al templo de la gran lectura.
 
El bosque se taló. Hay horda pura.