viernes, 16 de junio de 2017

Soneto de soledad

Sabe la soledad en su amargura
templar huertos de azafrán y ciruelas,
enfermedades dulces, sin secuelas,
pájaro de suelo y pez de altura.

Siente la soledad en su cordura
el frou-frou de ateridas damiselas
y un rumor de recreo en las escuelas
de lo que nunca fue, la infancia pura.

Busca la soledad luz permanente
entre los hongos y las telarañas
y en la mañana fría y los cajones

y llora en soledad lo que presiente,
horizontes de zorro ya sin mañas
con el hocico fijo en los rincones.




lunes, 12 de junio de 2017

Ibirapuera

Donde se interrumpe el hacinado alboroto
y el amontonamiento de casas que no quisieron buscar la belleza,
con petulancias de emperador
el verde abre un parque que parece sonambulear a miles de kilómetros de aquí,
en ese país mítico virgen de cemento.
Charlan los pájaros docenas de lenguas diferentes
y bordan músicas en las sedas de un enorme lago.
Nos desurbanamos  sentados en el pasto tenue,
besado en hojas apenas húmedas.
Sin anunciarse, la maravilla irrumpe a nuestra izquierda.
Dos cisnes negros, a la vez dulces y opulentos,
delatan sin estridencias que están unidos para siempre
y avanzan lánguidamente ocultando el pataleo.
No quieren humillar la pequeñez de los patitos que pescan laboriosamente,
acaso tampoco querrán reconocer que son perfectos.
Sólo flotar, deslizarse y un poco pavonearse
para otras parejas que, sin prevenirnos, hermosean la distancia,
uno y otro esmerados en escrutar las plumas propias
y las de su compañía.
Catorce o quince parejas de cisnes negros,
y una de blancos que recorta la otra orilla.

Muy cerca e infinitamente lejos, el arte moderno
yace adinerado en amplios pabellones.

Es una tarde muy gris y casi temperada.

Algo crujirá cuando salgamos de aquí.
Iremos a la pelea como en trino diferente
o color incompatible.

Todavía no lo sabemos.




jueves, 1 de junio de 2017

Endecasílabos

Vértigo en soledad a cada paso.
Vi mi reflejo en todos los abismos
y amagos de belleza encapsulada.

La voz más dulce me embruja de lejos.
La piel más suave me besó los dedos.

Infantiles los versos que repaso
repiten nombre y nunca son los mismos
en una tómbola maravillada.

Desajustado encastre de mi cuerpo.
Ácida lengua de rocío intenso.

Toda la sombra decantó en un vaso.
Bebo mis dudas y mis paroxismos.
Hago mis cuentas y resulto en nada.

Un tigre se agazapa en cada hueso
para el ave insular que marca el tiempo

lanzando plumas y anudando el lazo.
Escruta su aleteo y sus modismos.
Lame su garra quieta y afilada.

Atisbos de dolor son universo.
Mucho vampiro para un solo cuello

y para larga noche desvelada.