miércoles, 27 de junio de 2018

M


Mis añoranzas son
almendras arrumbadas
en un frasco mohoso.
Pero te extraño siempre.

No por antigua deja
de parpadear la estrella
empujando la lágrima
azul que no se agota

y el agua le responde
en este borde frío
con murmullos celosos
y guirnaldas de espuma.

Andan desorientadas
como veletas truncas
 las blancas, comedidas
gaviotas mensajeras.

Los caracoles urden
con hilo de su entraña
una nostalgia rústica
que parcela los pastos

y luego, en las paredes,
con ansia fatigada
esperan ateridos
que un niño los aplaste.

Hago mis desayunos
solvento mis trabajos
entretengo dos casas
converso con la perra

y canto hasta con brío,
ya podrías oírme
como la flor de invierno
que ha olvidado su nombre

pero yergue en naranja
vibraciones antárticas
y otras que andan perdidas
por la ronda celeste.

Sabría repasar
mi rosario de errores
pero me canso pronto.
Ese era tu trabajo.

Repaso mis tesoros.
El vacío, el silencio
y un libro que me infunde
otredades y asombros.

Puedo leer sin culpa.
No elevarás protestas.
Tu lado está vacante
y gris. La perra duerme.






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aquí estamos.