domingo, 8 de julio de 2018

Caperucita

Tengo para vos un ramo
de discusiones sabidas,
valedoras de tu ausencia.
Converso con un fantasma

porque sí, como al acaso,
sobre la herida poquita
de una tragedia discreta.
Hay todo menos la calma

cuando a solas te repaso
como un poema de arcilla
o un silbo de arroz y menta.
No se deshace tu cara

en este invierno apagado
por olas dulces y frías,
alborotadas y sueltas.
Apenas muerden la playa

sube tu voz como un halo
de grillos en doble fila,
nunca inocua, nunca lerda.
Como el héroe de la plaza

flotando sobre un caballo
de rienda y sangre perdidas
se yergue tu iridiscencia.
Pasa siempre lo que pasa,

la pena es un campeonato
de procesión extendida
que a tumbos me desconcierta.
Toda la huida fue falsa,

desemboca en tu retrato,
en tu acento y en tu rima.
Quien algo se te parezca
me tomará la palabra.

Combato pero me canso.
Me raspaste las rodillas
en aquel bosque de fresas
a la vez que me cantabas.

Y la canción era ésta.








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