domingo, 19 de octubre de 2014

Redondillas de cuento


 

 

para Alicia,
esa niña española de Peralta, Navarra

 
Quien lleva las de perder
¿dónde las debe entregar?
Ambición sin cultivar
se aplica a reverdecer.
 
Conocemos al jinete
cuando baja del caballo.
Las carrozas de zapallo
se atascan en el retrete.
 
Las faldas a Blancanieves
se las pisan los enanos
y encomiendan en sus manos
amores que no son breves.
 
Para los pobres, ayer
dijo robar Robin Hood.
Hoy pretenden tal virtud
y quedan en pretender.
 
En el bosque y en la niña
habita el lobo feroz
y de un granito de arroz
nacen los gallos de riña.
 
Por amor de un marinero
se humanó la sirenita.
En cambio, una señorita
se pescadizó primero.
 
En el fondo inexplorado
del lago que está delante
palpita un monstruo gigante
aburrido y escarchado.
 
Aunque gasten antifaz
no todos llegan a zorro.
Muchos te dan un mamporro
y luego piden la paz.
 
Una niña que nacía
al pie de los Pirineos
al ver tantos hombres feos
se enojaba, no entendía.
 
A la gesta miserable
de quebrar, van con pasión
si trabajar por la unión
es muy duro, aunque deseable.
 
Para un beso que despierte
habrá que dormir cien años.
Discernir propios de extraños
es más talento que suerte.
 
El zapato de cristal
se esconde entre la ceniza.
El tesoro está en la tiza
y en el oro, mucho mal.
 
Se apropian de los recursos
y violentan las demandas.
Son pocos los osos pandas
pero abundan otros ursos.
 
Sin saber adónde voy,
voy afinando mi rumbo
según la nota que zumbo
y el desconcierto en que estoy.
 
¿Y qué ha quedado de mí
cuando yo mismo me olvido?
¿Lo negado? ¿Lo vivido?
¿Lo que nunca conseguí?
 
Quien sabe sin preguntar
responde sin responder.
Quien siempre da de comer
 
invita mucho a ayunar.
 
 
 
 

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